Cuando Arabella entró en el apartamento que compartía con Vera, lo primero que llamó su atención fueron las cajas de regalos sobre la mesa central.
—¿Fuiste de compras sin mí? —chilló, atrayendo la atención de Vera, que justo entraba en la sala de estar.
Vera Kim, hija de un magnate empresarial coreano-estadounidense, era baja, alegre, con largo cabello negro que enmarcaba su bonito rostro y una sonrisa brillante y fácil que la hacía destacar.
Arabella conoció a Vera en su segundo año en Londre