El tiempo, implacable buscador de sensaciones y emociones nuevas, seguía su curso sin interrupciones. Lili crecía a paso acelerado y yo adoraba cada etapa de su desarrollo, porque era un símbolo de crecimiento y aprendizaje. Siempre supe, incluso por las enseñanzas de mi madre, que uno no aprende a amar a un hijo, forma parte de tu ser desde que está en el vientre y, cada risa, cada gesto y hasta las primeras palabras, quedan grabados en tu mente para toda la vida. Un hijo es una bendición, que