Los primeros días con Lili, mi hija, fueron particularmente hermosos. Me sentía en un sueño del que no quería despertar, a pesar del desvelo y el agotamiento ocasionado por la dedicación que ponía en su cuidado, estaba dichosa. A veces la contemplaba con incredulidad. Disfrutaba de la maternidad y de cada etapa de su crecimiento. Rodeada de las personas importantes para mí, tenía la sensación de protección absoluta. Experimentaba la seguridad de encontrarme a salvo de las inclemencias del desti