Escuchando su voz, sentí deseos inmensos de acabar personalmente con el poco prestigio y dignidad que le quedaba. Comprendí que existían mujeres que carecían de instinto maternal, porque están vacías por dentro. Ante el gesto de Andy, indicándome que alargara la conversación, traté de incentivarla a hablar.
- ¿Qué quieres? - pregunté. Háblame sin hipocresías.
- Sabes lo que quiero.
- ¿Cuánto?
- Cinco millones y no te molesto más.
- Es increíble que no sientas ni una gota de amor por t