La atractiva rubia me miró con desdén, tratando de amedrentarme. Intentó hacernos caer en su mismo juego, pero fue incapaz de mostrar ni inteligencia, ni astucia en la batalla.
Conociendo sus trampas, decidí que firmara aquel papel que me brindaba una paz y firmeza a la que no estaba dispuesta a renunciar. Había adoptado legalmente a Adrián y ante la irreversibilidad del proceso, ya no podría hacer nada.
- Tengo que irme - dijo - y necesito dinero.
- ¿Estafaste a tu esposo? - preguntó Je