Acostada en aquella cama de hospital, después de media hora de haber recibido la noticia, no conseguía procesar, de manera adecuada, la información. Estaba embarazada y, una mezcla de sentimientos, me invadía el cuerpo y la mente. Era maravilloso traer un bebé al mundo, fruto del bonito amor que nos teníamos, pero, por otra parte, mis inseguridades, al enterarme, hicieron acto de presencia, apoderándose de todo mi cuerpo. ¿Sería capaz de adaptarme al bebé sin trasmitirle mis traumas?
Me toqué