AVRIL STEEL
—¡No! ¡No me voy a calmar! ¡Mis hijos no están! —exclamé furiosa, golpeando su pecho—. Tengo que encontrarlos. ¡No me estorbes!
—¿Ya te sientes muy valiente al estar cobijada por las buenas intenciones de John y su robusto testamento? —preguntó con decepción.
—No necesito del dinero de John para agarrar valor —siseé con ira—. Para tu debido conocimiento, tengo una empresa que empieza a generar ganancias y, principalmente, determinación. Yo sí cuido de mis hijos, yo sí estoy crian