AVRIL STEEL
Sentada ante el enorme comedor, con mi pequeño George en mis brazos y víctima de una jaqueca horrible, lidié con esa calma que antecede al colapso. Las puertas dobles se abrieron y Chapman entró con mi pequeña Amber de la mano.
Me hinqué ante ella y con un solo brazo la estreché contra el corazón. Frotó su rostro contra mi hombro y después puso su atención en su hermanito. Con una risita divertida y curiosa, acercó su manita hasta tomar la de George.
—Hola, bebé —dijo con cariño