JOHN FOSTER
Después de un breve silencio de apenas un par de segundos, comencé a reír tan fuerte que todos alrededor voltearon hacia nosotros, haciendo que Avril se pusiera incómoda y avergonzada. Me dio un manotazo en el pecho para silenciarme.
—¿No te lastimaste? —pregunté mientras tomaba su mano, logrando que torciera los ojos.
—Presumido… No tienes pectorales de acero, ¿sabes? —contestó molesta, pero con una sonrisa disimulada.
—Permíteme diferir… —agregué arrogante, posando su mano sob