JOHN FOSTER
—¿Me quieres ayudar a renovar esta oficina? Necesito ayuda de una mente joven que…?
—¡Sí! ¡Sí quiero! —contestó antes de escuchar mi oferta completa—. ¡Hay que quitar todos esos libros! —De un brinco se bajó del sofá y se plantó frente al librero.
—Bien, y si quitamos todos esos libros… ¿Cuáles pondremos? —pregunté cruzado de brazos.
—¡Hay que conseguir todos los de princesas! —contestó emocionada, dando brinquitos de felicidad mientras aplaudía, haciendo que cada cairel rebotar