AVRIL STEEL
Regresé a ese hotel, con la frente en alto, pero sabiendo que mis ojos estaban enrojecidos. Me planté frente a la recepcionista y jalé aire antes de abrir la boca. —Hola, disculpa…
—¡Hola! Buenas tardes. ¿En qué le puedo ayudar? —inquirió con cordialidad y una sonrisa mecánica.
—Yo sé que esto es inusual y que no es sencillo lo que te voy a pedir, pero… ¿Puedo ver el registro? Necesito saber quién ocupa la habitación 404. —Esa era información confidencial del hotel. Estaba lista