Nero se subió encima de mí en la cama y deslizó su boca por todo mi cuerpo. Me besó primero, mordiéndome los labios hasta sacar sangre y luego saboreando el gusto. Sus besos bajaron hasta mi cuello.
Chupó la piel alrededor con suficiente fuerza como para hacerme gemir y retorcerme bajo él. Sabía que me dejaría marcas de mordidas como siempre lo hacía cada vez que teníamos sexo. Su boca bajó hasta que llegó a mis senos.
Tomó uno en su mano mientras cerraba la boca alrededor del otro pezón. Alter