Estaba frente a mí, pareciendo una mujer sacada directamente de un cuento de hadas. Desde sus mejillas sonrosadas, sus ojos hipnotizantes, su cabello largo y su voz suave. Se veía tan inocente y corrompida al mismo tiempo.
Y lo peor era que no sabía lo hipnótica que era. No tenía idea de cómo, cuando la llevé a cenar, todos los hombres la miraban con necesidad y yo quería arrancarles los ojos.
No tenía idea de que podría hacer que cualquier hombre poderoso cayera de rodillas solo para tenerla.