Por suerte, Nero fue lo suficientemente amable como para pedirle a Grace que me dejara trabajar desde casa. No habría podido trabajar ni aguantar sentada todo el día. Mi trasero ardía horriblemente y estaba rojo.
Cuando me miré en el espejo, me horrorizé. Se podían ver las marcas del cinturón con total claridad. Si Nero no me hubiera aplicado pomada, que dejó en su mesita de noche, probablemente habría sido peor.
El chef me preparó el desayuno con mucha proteína. Probablemente era para acelerar