Mundo ficciónIniciar sesiónLa ciudad seguía su ritmo habitual: semáforos cambiando de color, peatones cruzando con prisa, el ruido constante de motores y bocinas. Salvador observaba todo como si estuviera detrás de un vidrio invisible. Le parecía injusto que el mundo no se detuviera cuando la vida de uno estaba tambaleándose. Para los demás era un día cualquiera; para él, todo podía cambiar.
Bajó la mirada un instante hacia el volante. Sus manos estaban tensas, demasiado tensas, marcadas por la presión co






