Mundo de ficçãoIniciar sessãoSalvador salió del baño secándose las manos con una toalla de papel. El corte ya no sangraba, aunque la piel seguía sensible. El ardor era leve, pero constante. Sin embargo, no era eso lo que lo incomodaba.
Era esa sensación.Esa presión extraña en el pecho que no lograba explicar.Al salir del baño, encontró a Sebastián inclinado en el suelo, ayudando a la señora de limpieza a recoger los últimos restos del vaso roto. La mujer pasaba el trapeador con






