Mundo de ficçãoIniciar sessãoLa madre de Cristina permanecía sentada en la cama, con los brazos cruzados y la expresión tan dura que casi parecía un muro. Había estado gruñendo internamente desde que el doctor se había marchado. Apenas habían pasado tres minutos.
Entonces se escucharon dos golpes suaves en la puerta. La mujer chasqueó los labios con evidente fastidio. —¿Ahora qué quiere este hombre? —bufó sin mirar siquiera hacia la puerta—. Adelante.<






