Mundo de ficçãoIniciar sessão—¿Padre…? —dijo Salvador con desconcierto.
El señor Meyer ingresó a la casa sin esperar invitación. Salvador no tuvo más remedio que cerrar la puerta detrás de él. Realmente le sorprendía verlo allí: su padre no era alguien que soliera visitarlo, mucho menos por motivos personales. Si aparecía, era porque algo importante o problemático se avecinaba.El hombre avanzó por la sala, observando cada rincón con mirada minuciosa, como si buscara pistas ocultas.—No imagina






