Es mi esposa

—No comprendo, ¿Cómo se supone que permitiste esto? —dice el padre de Salvador sin quitar los ojos de la joven que yacia inconsciente sobre la cama, mientras un doctor le limpiaba las heridas.

Salvador no respondió ante la acusación de su padre, solo guardó silencio, no porque temiera la reacción de su progenitor o quizás sí pero gran parte de su silencio se debía que tenía los ojos fijos sobre aquella mujer que siempre lo desafiaba con los ojos en el trabajo sobre aquella que nunca
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