El pitido del horno nos sobresaltó a todos. Raquel miró hacía la cocina y suspiró, supuse que no quería dejar de contar su historia. Aún así se levantó y colocó su mejor sonrisa.
-¡A comer! -dijo mientras se dirigía hacía la cocina-. No os volveré a llamar -nos advirtió amenazante.
Todos nos reímos y nos levantamos para seguirla.
Me encanta escuchar las historias de los demás del cómo se conocieron y ésta pareja hasta ahora ha tenido el primer lugar, aún sin haber escuchado la mitad de la hi