Presencias que alteran
Una tarde de domingo, en la residencia Stephenson, Julia entró al living y encontró a Nick tirado en el suelo, con una bolsa de papas fritas a su lado y el control del videojuego en las manos.
—¿Acaso alguna vez trabajas? —reclamó con tono irónico, cruzándose de brazos. Nick giró la cabeza hacia ella y le dedicó una sonrisa angelical—. Esta semana, cada vez que vine a traerle documentos a tu hermano, te encontré jugando.
—No te enojes conmigo, Julia. Ya pareces Fred —resp