El calor del verano en Hunulú se había convertido en un ambiente opresivo, como si el sol mismo estuviera ardiendo con un fuego desbocado, incapaz de aliviar la tensión que inundaba el pueblo. Los días se sucedían uno tras otro con una monotonía inquietante, pero una sombra oscura se cernía sobre la idílica vida de sus habitantes. Desapariciones, no solo de animales, sino también de la tranquilidad que antes caracterizaba a la pequeña comunidad, comenzaban a desatar un caos que na