Los años transcurrieron como hojas arrastradas por el viento, y Kyra continuó su existencia, casi como una sombra entre los árboles del denso bosque que había tomado como hogar. Con el tiempo, había aprendido a encontrar consuelo en la soledad, aunque la vida en ese lugar apartado no era sencilla. Había criado a su hija Selene en la esfera tranquila y verde del bosque, rodeada de susurros de la naturaleza y bajo el abrigo de las copas de los árboles. A pesar de las adversidades, Selene llenaba