Cuando Hugo abrió los ojos, Ivanna seguía ahí, dormida bajo su brazo, su respiración tranquila y constante se entrelazaba con la suya. Durante unos segundos, Hugo se quedó quieto, disfrutando de la sensación de tenerla tan cerca, sin saber exactamente cómo había llegado a ese momento.
Seguía allí, a su lado.
Pero seguía siendo extraño tener compañía en la cama.
Sin embargo, el cansancio de la noche anterior aún pesaba sobre sus párpados, y lentamente volvió a cerrar los ojos, dejándose caer de