«No quería que los nervios me traicionaran y arruinar otra vez las cosas. Hugo no solo tenía intenciones de acostarse conmigo y eso era bueno.
Sus ojos me miraban mientras sus dedos recorrían los pliegues de mi vagina; sentía mi piel erizarse y con ella eso que recorría la parte más baja de mi espalda, haciendo que quisiera cerrar mis piernas, pero había una mano de él que me lo impedía; uno de sus dedos hacía círculos sobre mi clítoris mientras mi cabeza se movía en la cama.
Se tomaba su tiemp