Hice una pausa, dejando que mi mirada recorriera cada rostro.
—Pero crecí luchando por quienes no tenían voz, crecí protegiendo a los que no podían protegerse por sí mismos, y no hice trampa para llegar hasta aquí.
El poder en mi interior se movió; era casi como si me escuchara y respondiera.
—Gané esa competencia porque me lo merecía —dije—. Con cada moratón, cada hueso roto y cada hora de entrenamiento. Y si ven las grabaciones en lugar de creer en chismes, ya lo sabrían.
Un zumbido bajo rodó por el aire, causando que algunos tragaran saliva con fuerza, y otros retrocedieran sin darse cuenta.
—No soy perfecta —continué—. No lo sé todo, y no fingiré saberlo. Pero aprenderé, escucharé, y protegeré esta manada con todo lo que tengo. Algunos de ustedes ya me conocen… porque crecí con ustedes, y saben que no soy una mentirosa ni lo he sido nunca.
Las bocas se abrieron y los teléfonos pasaron de capturar fotos a vídeos; solo veía destellos y mandíbulas caídas.
—Santo cielo… ¿qué demonios e