—Entonces, ¿a quién demonios tengo que temer? —espeté.
La mirada de Esme se desvió hacia Lila, que sollozaba mientras intentaba, sin éxito, soltarse del agarre de Taylor.
—Su familia sigue ahí afuera —anunció—. Y no se detendrán hasta encontrar a Judy. Ahora que la gema ha sido restaurada y la magia ha regresado a su legítima portadora, podrán sentir el cambio. Sabrán que está aquí, y vendrán por ella.
Un gruñido bajo escapó de mi pecho, mi ira se encendió al instante.
—Sobre mi cadáver —rugí.
Esme parpadeó, imperturbable.
—No pretendo hacerte daño, Alfa —dijo con calma—. Solo quiero ayudar. Judy es parte de mi familia, y nosotros siempre protegemos a los nuestros.
—¿Familia? —pregunté, entrecerrando los ojos—. ¿De qué estás hablando?
—Ella es mi nieta, la legítima heredera del imperio Blackwell y la verdadera portadora de la magia.
Parpadeé, pero no tenía tiempo para procesar aquello.
—Llévala con la doctora —continuó Esme, desviando la mirada hacia el rostro de Judy—. Cuando confirme