Mi corazón se rompió, no me di cuenta de que estaba llorando hasta que mi padre me atrajo hacia él y me envolvió en su abrazo firme y cálido.
—De verdad te amaba, niña —murmuró, besándome la cabeza—. Y nosotros también.
—Por eso quiso que nos quedáramos contigo —añadió mamá, con la voz entrecortada—. Sabía que podríamos darte la vida que merecías, y que además, yo no podía tener hijos… así que para ella, todo encajaba. Al principio nos negamos; le dijimos que debía quedarse contigo, que ninguna