—Te lo mereces —le dije, tomando su mano—. Compláceme, ¿está bien?
Me miró con sus grandes ojos de cierva, y mi corazón se derritió. Lo que no daría por jalarla a mi regazo ahora mismo.
Había un montón de otras cosas que se subastaron a precios decentemente altos; algunas de las cuales Levi pujó y ganó. Le permití pujar por esos artículos, esperando humillarlo yo mismo una vez que esta subasta terminara y fuera hora de pagar.
Cuando se encuentre sin dinero, justo antes de su arresto, será la cer