Eso no era una mentira; había trabajado duro por algo de esa ropa, y no iba a dejarlo deshacerse de ella. Sonrió mientras rociaba suaves besos a lo largo de mi cuello.
—Bien —murmuró—. ¿Qué tal un compromiso?
—¿Qué tipo de compromiso? —Incliné mi cabeza hacia atrás, permitiéndole mejor acceso.
—Usas mis camisas para la cama y cuando estés holgazaneando por la casa —dijo, mordisqueando mi cuello y haciéndome temblar en sus brazos—. Quiero llegar a casa a ti así cada noche.
Solté un aliento y me d