—Suéltame —le dije entre dientes.
—¿Cuándo vas a dejar de fingir que no sientes nada por mí, Judy? —me preguntó, con un tono seductor y ojos oscurecidos por el deseo, provocándome un escalofrío—. Sé que todavía me deseas.
—Ni en tus sueños, Ethan —murmuré, soltando mi brazo de su agarre.
—Nos mirabas con esos ojos celosos tuyos —me dijo, sujetando mi barbilla entre sus dedos y obligándome a mirarlo—. No puedes negarlo.
—Estaba viendo cómo alardeabas de tu relación —le respondí—. Fue incómodo e i