Su respiración se cortó, y sus ojos se agrandaron mientras la jalé hacia un rincón oscuro, apartado de los ojos de todos a nuestro alrededor.
—Gavin —suspiró mientras la presioné contra la pared—. ¿Qué estás—? —comenzó a decir, pero no le di oportunidad antes de que mis labios estuvieran presionados contra los suyos. El beso fue largo y profundo, como si hubiera estado hambriento de ella.
Prácticamente había estado así por dos días.
Dos malditos días pasé sin probar sus labios dulces y carnosos.