Capítulo 8

Capítulo 8

Ambas manos me duelen al sentir los agarres salvajes de este par de hombres. Mis piernas se tambalean al ver a la prometida del señor Maxwell caminar con sus pasos apresurados hasta nosotros. Sus ojos se encuentran expectantes sobre la mano del hombre que debería ser su esposo, pero todo comienza a darme vueltas cuando intento zafarme, más sin embargo, ninguno de los dos da su brazo a torcer.

—¿Damián?—Handrika, observa con enojo a mi jefe, —pensé que mi papá te había dicho que íbamo
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