Alan
Quería gritar en ese momento, gritarle que no se fuera, que aguantara un poco más, quisiera
poder escuchar una vez más su voz y decirle que sí, que la perdono por absolutamente todo que la entiendo y que sé que solo fue una víctima más en todo esto.
Abrí la puerta, pero me detuve, no pude continuar en el momento que varios hombres armados me apuntaron al mismo tiempo que le apuntaron a ella.
—Bájela, déjela allí —me ordenaron, mantuve mi postura—. No vamos a dejar que salga con la esposa