Unos días después Eleanor recibió una visita en su casa.
— Hola, ¿cómo estás?— saludó ella a su visita. ¿A qué debo el honor de tu presencia?
— ¡Como si no supieras!— fue la respuesta de Mila
— No, no lo sé— respondió ella — y no tengo tiempo para perder contigo, muchachita, así que al grano, o llamo a seguridad.
— Sólo vine a cerciorarme de lo gran hipócrita que es usted como mujer— dijo Mila — cree que no sé, que anda revolcándose con mi novio.
— ¡Mira, yo no voy a caer en tu juego, sal de m