Despierto, al sentir besos por toda mi espalda. Giro mi cuerpo y me consigo de frente con esos ojos oscuros que me observan con hambre y seseo, pero, al mismo tiempo, con amor y adoración.
―Buenos días, cariño.
Se inclina y me da un beso en los labios. Se ve hermoso, guapo e imponente con ese traje azul de tres piezas que lleva puesto.
―Buenos días, amor ―me cuelgo de su cuello con mis brazos y lo atraigo más cerca. Sonríe a pesar de que sabe que estoy llenando de arrugas su bonita camisa de