Me levanto de la cama y la observo desde lo alto. Se ve hermosa, impaciente, deseosa. Sus ojos brillan ilusionados y su boca hinchada por tantos besos. Ella fue mía desde el primer instante en que se cruzó en mi camino y esta noche voy a demostrárselo con hechos. Después de que le haga el amor, se dará cuenta de que no hay otro hombre para ella más que yo.
Me mira expectante mientras me deshago de la corbata y me quito la chaqueta. Sigo con los botones de mi camisa.
―¿Recuerdas que te dije que