—Hola, mi hermosa bruja, no sabes cuántas ganas tenía de verte.
Aparta sus manos de mi cintura y las eleva para ahuecar mi rostro. Se inclina y me besa de una manera que me deja sin fuerzas y me debilita en todos los sentidos.
―Esto no es correcto, Ethan ―le digo con angustia―. No me siento bien sabiendo que estoy engañando a un hombre que no lo merece.
Desliza la yema de su pulgar sobre mis labios.
―¿Por qué complicarte la vida por algo que a la final ya no tendrá razón de ser?
Me aparto d