56. TOMANDO LO QUE ME PERTENECE
AVA
Tenía ganas de reclamarle tantas cosas, pero cuando abrió una herida profunda en su cuello y vi la sangre brotar, no tuve espacio para protestas.
Me pegué a él, cabalgando sobre su muslo y sacando mi lengua para lamer el rastro de líquido carmesí que bajaba por su piel sudada.
—Ssshh… más, chúpame más —empujó con suavidad mi cabeza contra su cuello y me perdí en el frenesí del deseo.
Abrí la boca y clavé los caninos, sintiendo sus gruñidos roncos, dejando bajar por mi garganta esa esenci