113. PUEDO ESCUCHAR TUS PENSAMIENTOS
IRINA
Se inclinó para olfatear profundamente, entrecerrando los ojos como un depredador.
—Ni… ninguna de… de esas…
Incluso balbuceé, aunque quería aparentar indiferencia.
¡Me estaba poniendo muy nerviosa y era obvio que él disfrutaba de mis apuros!
“Este macho huele muy rico… me gusta.”
Me asombré al escuchar la voz de mi loba.
Hace demasiado tiempo que no la sentía, ni escuchaba.
Pero antes de ponerme sentimental…
“Tú también hueles muy dulce. Mmn… como mi postre de canela favorito… eres de