103. VOY POR TU CABEZA
NARRADORA
—Aunque quiera asesinarte mil veces, ahora mismo no puedo gastar mis energías en ti, Hunter.
La voz ronca, de ultratumba, le habló de frente.
Kaelor llegaba casi a los dos metros de estatura.
Aun así, debía mirar hacia arriba a la impresionante bestia.
—¿Dónde está mi mujer? ¡Dime! ¡¿Dónde está esa escoria de hombre?!
Rugió, y el aura mágica fluctuó alrededor de su cuerpo.
No importa que hace siglos no obtuviera la bendición del sol, su poder estaba casi estéril, pero aún seguía a