Alistair Ferrero
Soy el primero en levantarme de la cama. El despertador ni siquiera ha tenido la oportunidad de emitir su primer pitido cuando mis pies ya están tocando el suelo frío de la habitación principal. La verdad es que casi no he podido dormir en toda la noche; cada vez que cerraba los ojos, la oscuridad de mi mente se llenaba de forma inevitable con la imagen de Alessia. Su rostro encendido por la lujuria, el descaro con el que me arrastraba hacia ella en la penumbra de la cocina,