Sarah sintió que la invadía una sensación de placer, una explosión de orgullo por haber logrado lo imposible, consumar su matrimonio. Poco a poco el dolor comenzó a desvanecerse, quizás porque Dmitry era un amante excelente que no solo se enfocaba en su propio placer, sino también en el de ella.
Era extraño aquel sonido que formaban sus fluidos, su humedad, con la cual Dmitry entraba y salía con facilidad. Algunos años atrás, ella nunca se hubiera imaginado que algo así podría pasar, no cuando