DALTON
Lía miró el documento con detenimiento, a pesar de que la había tomado por sorpresa. Había sido una noche difícil, pues se me había parado tres veces solo de pensar en ella. Tenía que hacer algo para parar esta locura, de estar pensando en ella las veinticuatro horas del día en mil maneras de tirármela.
Me estaba planteando la posibilidad de que tal vez el seducido estaba siendo yo.
— ¿Vamos a firmar nuestro pacto con tinta real o con sangre de unicornio? —Bromeó ella, tomando asiento fre