Las paredes blancas me desconciertan, el constante pitido a lado mío me incomoda, el dolor de cabeza me aturde y el mareo que siento cuando trato de inclinarme hacen que regrese la cabeza sobre la almohada.
-Catherine por favor detente. -La dulce y preocupada voz de Marcus llenan mis oídos-. Debes guardar reposo.
Lo miro y se me estruja el corazón al encontrarlo con curaciones en su rostro. Llevo mi mano hasta la herida de su labio, suelta un mohín de dolor, pero no se aleja, toma mi mano y la