Los López estaban en casa de Gaby confundidos, preocupados, desesperanzados y en llanto. Lita y Patricia lloraban tras la tragedia, por una parte, agradecían a Dios que todos estuvieran con vida y, por otro lado, estaban preocupados de la magnitud de las circunstancias.
Nunca se imaginaron que aquel hombre iba a volver a querer acabar con la vida de todos, con quemar su hogar y mucho menos con haber contratado un grupo armado dispuesto a disparar sin temor alguno.
—Es un milagro que los primos