Sara se preparó para visitar a Vicenzo en el hospital, su andar era lento pero constante. Era como cuando tuvo a su niña, se sentía toda dolorida y drogada. Cuando llegó a la habitación se encontró con la más hermosa de las escenas.
Vicenzo yacía de pie junto a su camilla, canalizado con un suero colgado del tripié detrás de él y con un ramo Della Rovere rojas en sus manos.
—¡Te ves preciosa! —dice al ver a su chica entrar a la habitación.
Sara casi corre a sus brazos en cuanto lo ve, este apen