—Me encanta ver las estrellas —dice Sara mientras sigue recostada junto a Vicenzo. Su cabeza en su hombro y el brazo de este, pasando por debajo de ella y rodeándola.
—Lo sé, tu habitación, las láminas tenían dibujadas algunas —recuerda haciendo que ella se esconda en su costado.
—Las pinté en un momento de mi vida cuando tenía temor salir —confiesa ella abriendo el panorama de él a la comprensión—. Estábamos acostumbrados a dormir sobre el techo en época de calor, pero después del ataque jamás