La noche permanecía estrellada bajo la tenue luz de la fogata, conforme avanzaban las horas los familiares se fueron marchando uno a uno a sus aposentos, incluyendo a Sara y su hija, quien cansada solo dormía. Vicenzo las acompañó a su habitación y una vez que se aseguró que estuvieran cómodas se marchó a su habitación.
Ninguno de los dos podía dormir, él pensando en Sara y ella a su vez en él. Daban vueltas en la cama cuál enamorados. Desgastada por no poder dormir salió al balcón a admirar la