Cuando se pone de pie encuentra a Lita en un sofá dentro de la recámara con Mila en sus brazos.
—Roncabas como tronco, agradece que le gustas al muchacho que si no lo espantabas —dice su abuela riendo.
—Ay, Lita, necesitaba descansar… —se justifica.
—Lo sé mi niña, Mila también, vine desde hace rato a verlas y estaba despierta aún, quiso cenar y en cuanto lo hizo se quedó dormida —añade Lita.
—Ven, deja la acuesto, ¿sabes en donde es que vamos a dormir? —pregunta sin saber lo que sigue en el pl